letters from kyoto
EL FIN, PT 1
mini cuento
@tokiokin · March 5, 2026
cover

La Tierra estaba colapsando. A mi alrededor, las cenizas cubrían los techos de los edificios ya destruidos, mientras montones de asteroides caían violentamente sobre nosotros aplastándonos como hormigas. Estaba horrorizada. Sabía que el fin del mundo había llegado, pero por más que me ocultara, que buscara un refugio o que luchara por vivir, sería inevitable el momento en que la muerte llegaría a mi y me quitaría la vida tan rápido como una bala atraviesa el cuerpo de alguien. Mi madre tenía el rostro pálido. Tampoco sabía qué hacer. Desesperadas por vivir y aterradas por morir nos habíamos quedado tan quietas como estatuas de hierro. No podíamos articular ni un sólo músculo sin que sintiéramos dentro de nosotras la presión en nuestras venas y la fluidez con la que nuestras lágrimas salían de nuestros ojos rojos ya enrojecidos.
Una invasión. Nos encontrábamos en un mar de confusión y caos que de repente, perdimos completamente el conocimiento. ¿Qué hacemos aquí? ¿Quiénes somos? ¿Dónde estamos? ¿Por qué seguimos de pie mientras todo a nuestro alrededor se desmorona? Aquella tranquila vida que solíamos llevar en la ciudad, ya no está. Aquella brisa que sentía como un perfume de rosas golpear suavemente mi cara al salir de mis clases matutinas, jamás la podré volver a sentir. Nuestras memorias de un verano cálido y un invierno en las más bajas temperaturas, han desaparecido. Todo lo que creíamos posible, ahora ya no existe. Es inútil seguir luchando cuando no hay nada por lo que luchar.
Todos estos pensamientos me llenaban desde la cabeza a los pies intentando ahogarme, cuando una luz roja, intensa, casi radioactiva, apareció de golpe frente a nosotras y nos iluminó como una señal de respuesta y esperanza que hubiera caído del cielo. ¿Habíamos llegado al final de nuestro camino? ¿O era una ayuda del universo que había venido espontáneamente a nosotras para darnos una oportunidad más?
Nada de eso. Aquellos momentos de incertidumbre y esperanza sólo duraron unos cuantos segundos. Luego de eso, pudimos saber qué era realmente aquella intensa luz que nos deslumbraba: personas. ¿Personas? Parecían personas, pero claramente no lo eran.